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Me interesé en ir más allá para comprender el campo

Janeth Bolaños durante actividades de capacitación con productores. (Foto: Janeth Bolaños)
Janeth Bolaños durante actividades de capacitación con productores.

El quehacer científico es un complejo y fascinante sistema que requiere la colaboración de múltiples perfiles académicos y profesionales, así como de instituciones y actores de diversos sectores. La ciencia avanza colectiva y multidisciplinariamente. Así, detrás de cada descubrimiento, de cada avance tecnológico y de cada proyecto de investigación exitoso, hay una estructura que sostiene y hace posible el trabajo científico. En ese entramado, mujeres como Janeth Bolaños Vargas desempeñan un rol crucial que, aunque a menudo pasa desapercibido, es fundamental para el progreso y la diseminación del conocimiento científico.

Janeth es Analista en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). En Colombia, donde ella se desempeña y desde donde colabora para proyectos como Colombia Agroalimentaria Sostenible y Naturaleza Positiva,  estudió Contaduría Pública y, animada por comprender lo que ocurre y se hace en el campo, decidió iniciar la maestría en Gestión y Desarrollo Rural, la cual está por culminar. “Me interesé en ir más allá para comprender qué hacíamos en el campo, cuáles son las labores culturales del maíz, los ciclos y el impacto de nuestra investigación”, comenta.

Janeth Bolaños y parte del equipo de trabajo con el que promueve innovaciones sustentables entre los productores colombianos.
Janeth Bolaños (esquina superior izquierda) y parte del equipo de trabajo del CIMMYT con el que promueve innovaciones sustentables entre los productores colombianos.

La trayectoria de Janeth es un ejemplo vivo de cómo las disciplinas STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas, por sus siglas en inglés) trascienden los espacios tradicionales de la ciencia, como los laboratorios, y extienden su campo de acción e impacto a la vida de las personas, como los agricultores y los técnicos con quienes Janeth impulsa constantes acciones de desarrollo de capacidades, trazando y facilitando los caminos para que el conocimiento científico llegue a la sociedad.

Para Janeth, el camino de su trayectoria profesional estuvo iluminado por mujeres de su entorno: “Mis modelos a seguir los he encontrado en las mujeres de mi familia, como mi madre. También mis maestras del colegio y recuerdo una entrevista a Rigoberta Menchú. Su liderazgo en defensa de los pueblos indígenas y de la mujer en la sociedad me inspiró profundamente”.

“En mi trabajo actual, me inspiro en mujeres poderosas que han construido su carrera con determinación. Entre ellas Gabriela González, administradora de Proyectos y quien es una mujer con gran habilidad de liderazgo; también Jessica González, coordinadora de Investigación, quien con gran destreza transmite a las mujeres en los territorios que somos fuerza, somos cultura y somos valiosas”.

Janeth Bolaños en una sesión;on de capacitación; on en poscosecha comparte el conocimiento científico con los productores.
Janeth Bolaños en una sesión;on de capacitación; on en poscosecha comparte el conocimiento científico con los productores.

Su experiencia también refleja los desafíos de muchas mujeres que combinan trabajo, estudios y vida familiar. Así, en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, Janeth tiene un mensaje claro: «Crean en sí mismas, en su potencial y en esa voz interior que las impulsa. La curiosidad y el deseo de aprender son la base de cualquier carrera científica o tecnológica. Sigan sus sueños con acciones perseverantes y, si algún día sienten que quieren rendirse, dense el tiempo para hacer una pausa, reflexionar y retomar el camino. Cuídense, valoren su entorno y busquen apoyo en personas que las inspiren y fortalezcan».

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Vocaciones científicas que transforman el futuro alimentario de la humanidad

María Luisa Cabrera en el laboratorio donde desarrolla su quehacer científico dentro del CIMMYT. (Foto: Francisco Alarcón / CIMMYT).
María Luisa Cabrera en el laboratorio donde desarrolla su quehacer científico dentro del CIMMYT. (Foto: Francisco Alarcón / CIMMYT).

El avance de la ciencia y la tecnología depende de la diversidad de talentos que contribuyen a su desarrollo. Sin embargo, en áreas como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), la participación femenina continúa siendo reducida. En México, solo el 22 % de las mujeres matriculadas en educación superior estudian carreras STEM y, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), solo el 13.5 % egresa.

Esta situación presenta tanto desafíos como oportunidades. La ciencia, particularmente en sectores esenciales como la seguridad alimentaria y la nutrición, requiere una mayor presencia de mujeres que impulsen cambios significativos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha destacado la urgencia de integrar a más investigadoras en el ámbito de las ciencias agrícolas con el fin de acelerar innovaciones que mejoren la producción y el bienestar de las comunidades rurales.

Un ejemplo del impacto transformador de las mujeres en la ciencia es María Luisa Cabrera Soto. Desde su infancia, Luisa se sintió inspirada por mujeres científicas que aparecían en los medios de comunicación, lo que la motivó a soñar con trabajar en un laboratorio. “Esas mujeres fueron mi referencia, mi fuente de inspiración. Me visualicé a mí misma y dije: «Quiero trabajar en un laboratorio»”. No obstante, su camino no fue sencillo. Proveniente de una familia con expectativas centradas en roles tradicionales de género,  enfrentó resistencia a su deseo de dedicarse a la ciencia.

El primer obstáculo que encontró fue la negativa rotunda de su familia. “Provengo de una familia con seis mujeres y una figura patriarcal. Escuchar frases como «no estás capacitada para estudiar algo tan complejo como la ciencia o las matemáticas», representó la primera barrera que debí superar”, relata.

“Tuve que romper con esos estigmas familiares, con esas tradiciones y decirme a mí misma: «Soy capaz de estudiar lo que me motiva, lo que me gusta y apasiona, que es la ciencia». «Ser mujer no me limita a realizar exclusivamente actividades domésticas»”.

Hoy, la niña que soñó trabajar en un laboratorio forma parte del equipo de investigación del CIMMYT y, como asistente de investigación, su trabajo en el área de cromatografía —procedimiento que permite separar, identificar y cuantificar los componentes químicos de diversas mezclas— permite evaluar la calidad nutricional de diversos cultivos, principalmente el maíz. Su labor tiene un impacto directo en la alimentación y la salud de diversas poblaciones, así como en la actividad de los productores agrícolas.

La historia de María Luisa se ha convertido en un referente para sus hermanas, quienes también han incursionado en el mundo de la ciencia, demostrando que una decisión personal puede transformar generaciones. “Rompí ese paradigma en mi familia y, afortunadamente, mis cuatro hermanas menores, también optaron por la ciencia. Fue un cambio que derribó una gran barrera en mi hogar”.

A través de su quehacer científico, Luisa y otras investigadoras del CIMMYT contribuyen significativamente a la mejora de las condiciones humanas en un sector donde las mujeres desempeñan un papel fundamental en la producción y seguridad alimentaria, desde el campo hasta el laboratorio.

El escaso porcentaje de mujeres en carreras STEM en México y a nivel mundial, no solo representa un problema de equidad, sino también un obstáculo para el desarrollo de soluciones innovadoras en sectores clave. De acuerdo con la UNESCO, solo el 33.3 % de los investigadores en el mundo son mujeres. En este sentido, el mensaje de Luisa para las niñas y jóvenes de México es claro: «Sigan sus sueños, cuestionen el mundo y no permitan que su curiosidad y entusiasmo se apaguen por ideologías sociales o tradiciones familiares. Cada vez somos más mujeres en este ámbito y debemos apoyarnos mutuamente».

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Guardianas de la diversidad: La labor de Carolina Sansaloni

Carolina Sansaloni, especialista en genotipificación y curadora de trigo, resalta el papel de las mujeres en la ciencia y la conservación agrícola. (Foto: Gabriela Bracamonte/CIMMYT)
Carolina Sansaloni, especialista en genotipificación y curadora de trigo, resalta el papel de las mujeres en la ciencia y la conservación agrícola. (Foto: Gabriela Bracamonte/CIMMYT)

Desde niña, Carolina Sansaloni sintió curiosidad por la naturaleza y la genética. Su deseo por encontrar respuestas la llevó a recorrer un camino desafiante, pero que la condujo a donde está hoy: líder de la Colección de Trigo del Banco de Germoplasma del CIMMYT, una de las más importantes del mundo. Su labor y la de su equipo son fundamentales para la seguridad alimentaria y nutricional, pues garantizan que la diversidad genética del trigo y el maíz permanezca protegida y disponible para enfrentar los retos del cambio climático y la creciente demanda de alimentos.

Para mí, la mayor satisfacción es saber que lo que hacemos en el CIMMYT ayuda a que más personas tengan un plato de comida en la mesa. No es un esfuerzo individual, es un esfuerzo colectivo por un bien mayor”, expresa Sansaloni con convicción.

Pero el impacto del Banco de Germoplasma va más allá de la conservación. Su equipo, conformado por científicas, técnicas, trabajadoras de laboratorio y personal de campo, desempeña un papel crucial en la investigación y en el resguardo de una de las colecciones más valiosas de maíz y trigo a nivel mundial. Desde la recolección y almacenamiento de semillas hasta su caracterización y distribución para programas de mejoramiento genético, cada mujer en este equipo es parte esencial de la misión del CIMMYT: generar ciencia e innovación para un mundo con seguridad alimentaria y nutricional.

El camino de las mujeres en la ciencia no ha sido fácil. Sansaloni reconoce que, aunque ha contado con mentores y apoyo en su carrera, hay retos que muchas mujeres enfrentan en el ámbito científico. “La voz femenina en la ciencia hay que ganarla. Nos enfrentamos a obstáculos, pero con perseverancia, apoyo y determinación, podemos lograrlo”, afirma.

Uno de sus mayores desafíos fue dejar su hogar en Argentina para seguir su vocación. “El mayor desafío fue salir de mi entorno, de mi familia, de mis amigos, pero tenía claro que mi motivación era la ciencia y su capacidad de transformar el mundo”. Hoy, su historia inspira a muchas jóvenes a atreverse a explorar su curiosidad y seguir el camino de la ciencia.

A las niñas que sueñan con la ciencia, les dice: “Exploren, pregunten, descubran. Nada es imposible con esfuerzo y dedicación”.

A los padres y madres, les aconseja: “Fomenten la curiosidad de sus hijas e hijos, permitan que tomen sus propias decisiones y los sorprenderán con su capacidad de innovar”.

En este Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, celebramos a todas las mujeres del CIMMYT que, con su conocimiento, compromiso y dedicación, son clave para alcanzar un mundo con seguridad alimentaria y nutricional.

Si alguna vez soñaste con cambiar el mundo, la ciencia es un gran lugar para empezar.

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Romper el techo de cristal, la ciencia a través de los ojos de Noemí Valencia Torres

Noemí Valencia, gerente del Laboratorio de Sanidad de Semillas del CIMMYT, analiza semillas para garantizar su calidad y seguridad fitosanitaria. (Foto: Gabriela Bracamonte/CIMMYT)
Noemí Valencia, gerente del Laboratorio de Sanidad de Semillas del CIMMYT, analiza semillas para garantizar su calidad y seguridad fitosanitaria. (Foto: Gabriela Bracamonte/CIMMYT)

En el marco del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, conversamos con Noemí Valencia Torres, gerente del Laboratorio de Sanidad de Semillas del CIMMYT. Su historia es un testimonio de perseverancia, pasión y compromiso con la investigación agrícola.

Desde sus primeros años universitarios, Noemí descubrió su vocación por la agronomía.“Nunca imaginé trabajar en la ciencia hasta que llegué a la universidad”, confiesa. Fue allí donde su interés por la agronomía tomó forma y se orientó hacia la investigación. Su definición como científica llegó con el desarrollo de su tesis de licenciatura, un momento clave en su trayectoria.

Al integrarse al CIMMYT, su entorno fue determinante. “Trabajé con un investigador del programa de trigo en ese momento, pero también estuve rodeada de mujeres que, al igual que yo, desarrollaban sus proyectos de tesis con pasión”, relata. Ver a estas mujeres en acción, tanto en el campo como en el laboratorio, reforzó su convicción de que estaba en el camino correcto. En general su trayectoria en el CIMMYT ha sido entre mujeres apasionadas por la ciencia, que han sido su motivación.

Sin embargo, ser mujer en la ciencia no ha estado exento de desafíos. Uno de los momentos más retadores para Noemí fue trasladarse a Ciudad Obregón, Sonora, para su investigación. “Fue la primera vez que salía sola de casa. La inseguridad y la distancia fueron retos, pero al final, cada obstáculo me llevó a un aprendizaje valioso”, comenta. El escuchar “el trabajo de campo no es para las mujeres”, fue algo que también la hizo valorar y reconocer que cuando hay pasión por lo que haces nada es limitante.

Hoy, su labor en el Laboratorio de Sanidad de Semillas del CIMMYT es fundamental. “Aquí realizamos análisis fitosanitarios de la semilla que el CIMMYT moviliza a nivel global. Nos aseguramos de que no haya riesgos de enfermedades ni patógenos que puedan afectar la producción agrícola”, explica. Con un equipo conformado en su mayoría por mujeres de ciencia, su trabajo es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y el intercambio internacional de semillas.

Para las niñas y mujeres que sueñan con una carrera en ciencia, Noemí tiene un mensaje claro: “No hay limitantes. No tengan miedo de dar el paso, de preguntar y explorar. La ciencia es para todos y necesitamos más mujeres en este camino. Si ya han decidido estudiar ciencias, sigan adelante, abran camino y motiven a más mujeres a sumarse”.

Con historias como la de Noemí Valencia Torres, es claro que la ciencia no tiene género y que cada vez son más las mujeres que, con pasión y esfuerzo, transforman el mundo.

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Chicharrita del maíz: un reto creciente para la producción sustentable en Latinoamérica

Práctica de instalaciones de trampas para D. maidis en Roldanillo, Valle del Cauca, Colombia. (Foto: Colombia Agroalimentaria Sostenible)
Práctica de instalaciones de trampas para D. maidis en Roldanillo, Valle del Cauca, Colombia. (Foto: Colombia Agroalimentaria Sostenible)

En años recientes, la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) ha incrementado su presencia en diversas regiones de Latinoamérica, afectando la productividad del maíz y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de comunidades rurales. En Colombia, esta plaga ha tenido un impacto considerable en los ciclos recientes del cultivo, especialmente en regiones como el Valle del Cauca, Tolima y Córdoba.

La chicharrita del maíz es un insecto que representa una amenaza creciente. Aunque es un problema recurrente en las regiones tropicales y subtropicales productoras de maíz, su presencia se ha incrementado debido a la variabilidad climática. D. maidis, se ha identificado como el principal vector de dos bacterias (Spiroplasma kunkelii y Candidatus Phytoplasma asteris) y del virus del Rayado Fino del Maíz (MRFV), que en conjunto se conoce como el complejo del achaparramiento del maíz, enfermedad que se caracteriza por deformaciones en las plantas, reducción del rendimiento y enanismo severo, entre otros síntomas.

El aumento de esta plaga no es un fenómeno aislado. De acuerdo con la unidad de Sistemas de Información Geográfica (GIS) del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), el cambio climático exacerbará la incidencia de Dalbulus maidis, afectando aún más la producción de maíz en los trópicos. El incremento de temperaturas y cambios en los regímenes de lluvia pueden favorecer la expansión del insecto, lo que subraya la urgencia de transitar hacia esquemas de agricultura sustentable.

Comportamiento de la chicharrita del maíz ante diversos escenarios de cambio climático. (Imagen: unidad de Sistemas de Información Geográfica del CIMMYT a partir de Santana et al. 2019)
Comportamiento de la chicharrita del maíz ante diversos escenarios de cambio climático. (Imagen: unidad de Sistemas de Información Geográfica del CIMMYT a partir de Santana et al. 2019)

Para hacer frente a esta amenaza, el CIMMYT, la Alianza Bioversity – CIAT, Fenalce y Agrosavia impulsan el proyecto Colombia Agroalimentaria Sostenible con el objetivo de fortalecer las capacidades de productores y técnicos en estrategias de manejo de la plaga. A finales de 2024, especialistas de estas instituciones iniciaron una serie de capacitaciones a agricultores, técnicos y miembros de diversas organizaciones en prácticas clave para el control de Dalbulus maidis, destacando la importancia del monitoreo temprano para detectar la presencia del insecto en las primeras etapas del cultivo y aplicar estrategias adecuadas de manejo integrado.

Capacitación en D. maidis con agricultores,  técnicos e iniciativa privada. (Foto: Colombia Agroalimentaria Sostenible)
Capacitación en D. maidis con agricultores,  técnicos e iniciativa privada. (Foto: Colombia Agroalimentaria Sostenible)

En este contexto, la diversificación de cultivos emerge como una estrategia pertienente para reducir la presión de plagas y enfermedades en los sistemas agrícolas colombianos. La investigación y validación de prácticas sustentables, promovida por el CIMMYT y sus socios estratégicos, es fundamental para fortalecer la resiliencia del sector agroalimentario en Latinoamérica y el mundo.

El proyecto Colombia Agroalimentaria Sostenible, coordinado por la Alianza Bioversity – CIAT, cuenta con la participación de 18 socios estratégicos, entre ellos Agrosavia, CIMMYT y Fenalce, quienes trabajan en el sistema productivo de maíz con un enfoque de innovación y sustentabilidad. A través de la generación y adopción de tecnologías agrícolas sustentables, este esfuerzo busca transformar el sector agroalimentario colombiano y fortalecer las redes de colaboración entre productores, investigadores y otros actores clave.

El compromiso del CIMMYT con la agricultura resiliente y la seguridad alimentaria es global. Las estrategias desarrolladas en Colombia forman parte de un esfuerzo mayor para combatir los efectos del cambio climático en la producción de alimentos y garantizar la sustentabilidad del maíz en México, Latinoamérica y el mundo.

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SEFADER y CIMMYT refuerzan su compromiso para fortalecer el sistema agroalimentario en Oaxaca

Autoridades de la SEFADER y el CIMMYT durante la reunión para delinear nuevas líneas de acción para el proyecto que ambas instituciones impulsan en Oaxaca. (Foto: SEFADER / CIMMYT)
Autoridades de la SEFADER y el CIMMYT durante la reunión para delinear nuevas líneas de acción para el proyecto que ambas instituciones impulsan en Oaxaca. (Foto: SEFADER / CIMMYT)

La Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural (SEFADER) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) han reafirmado su alianza para consolidar la agricultura sustentable en Oaxaca. Este 5 de febrero, en la Ciudad de Oaxaca, Víctor López Leyva, titular de la SEFADER, y Jelle Van Loon, director asociado del Programa de Sistemas Agroalimentarios Sostenibles del CIMMYT, firmaron una carta de intención que da continuidad al proyecto Fortalecimiento del sistema agroalimentario en el Estado de Oaxaca, sentando las bases para una segunda fase con nuevas líneas de acción.

Desde su inicio en 2023, este proyecto ha sido clave para la producción sostenible de maíz, contribuyendo a la seguridad alimentaria y al abastecimiento sustentable de granos en el estado. Además, ha servido como pilar para fortalecer los programas Autosuficiencia Alimentaria y Abasto Seguro de Maíz del gobierno estatal, mediante capacitación especializada y el desarrollo de una red de investigación aplicada.

Los resultados han sido significativos: más de 20 mil hectáreas y 10 mil personas beneficiadas en el marco del programa Autosuficiencia Alimentaria; más de 15 mil hectáreas y 10 mil personas impactadas a través de Abasto Seguro de Maíz; y cerca de 99 mil personas capacitadas en más de 4,500 eventos realizados en las ocho regiones del estado.

En este sentido, el secretario Víctor López Leyva destacó: «En seguimiento al convenio de colaboración con el CIMMYT, se impulsa la agricultura sustentable a través de la implementación de prácticas agroecológicas. Este esfuerzo se centra en la producción de maíz, buscando asegurar la alimentación y el abasto sustentable de granos en el Estado de Oaxaca. Trabajamos en metas multianuales y líneas estratégicas a largo plazo, con el firme objetivo de alcanzar la autosuficiencia del maíz«.

Reunión para la firma de la carta de intención que extiende el alcance del proyecto entre SEFADER y el CIMMYT. (Foto: SEFADER / CIMMYT)
Reunión para la firma de la carta de intención que extiende el alcance del proyecto entre SEFADER y el CIMMYT. (Foto: SEFADER / CIMMYT)

El impacto del proyecto va más allá de la producción de granos. Con la implementación de módulos, áreas de extensión y una red de seis plataformas de investigación en Valles Centrales, Mixteca, Costa, Sierra Mixe, Sierra Sur e Istmo, se han validado y adaptado tecnologías sustentables a cada región. Estas plataformas han promovido prácticas como el manejo agroecológico de plagas, biofertilizantes, fertilización fraccionada, agricultura de conservación y poscosecha, además de impulsar estrategias clave como la no quema, la conservación de suelos y agua, y el resguardo de la biodiversidad.

Además, la iniciativa sentará las bases para el desarrollo de agronegocios y el fortalecimiento de las cadenas de valor en Oaxaca, impulsando nuevas oportunidades económicas para los productores y mejorando su acceso a mercados más rentables. Esta visión se refuerza con la estrategia Formador de Formadores, que permitirá que técnicos especializados capacitados por el CIMMYT multipliquen el conocimiento entre extensionistas y agricultores, asegurando un acompañamiento técnico eficiente.

Técnica de SEFADER explicando las innovaciones sustentables implementadas a partir de la capacitación con CIMMYT. (Foto: CIMMYT)
Técnica de SEFADER explicando las innovaciones sustentables implementadas a partir de la capacitación con CIMMYT. (Foto: CIMMYT)

Jaime Leal, gerente del Hub Pacífico Sur del CIMMYT, señaló: «Se está considerando no solo continuar el proyecto, sino extender su marco de acción incorporando la plataforma digital e-Agrology, desarrollada por el CIMMYT, a más ámbitos del sistema agroalimentario de Oaxaca. La meta es hacer de esta herramienta un recurso versátil para generar información estratégica tanto agrícola como pecuaria y pesquera. Además, buscamos reducir el uso de agroquímicos y hacer más rentable la producción estatal».

Con este esfuerzo, SEFADER y CIMMYT consolidan su compromiso con la agricultura sustentable y los productores oaxaqueños, promoviendo modelos de producción que aseguren la rentabilidad sin comprometer los recursos naturales.

En el evento también estuvieron presentes Flavio Aragón Cuevas, subsecretario de Seguridad Alimentaria; Mario Robles González, subsecretario de Agronegocios; Carolina Cruz Moreno, jefa del departamento de Acuacultura; José Roberto Agustín Francisco, director de Fomento Agrícola; y Enrique Rojas Rojas, jefe de departamento de Salud Animal.

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La tierra que da vida: la parcela de Tomasa y Fabián

Fabián y Tomasa, productores de Santa Catarina Lachatao, muestran con orgullo el fruto de su trabajo. (Foto: Sarah Martínez/CIMMYT)
Fabián y Tomasa, productores de Santa Catarina Lachatao, muestran con orgullo el fruto de su trabajo. (Foto: Sarah Martínez/CIMMYT)

En algún lugar del valle encantado de Santa Catarina Lachatao, Oaxaca, bajo su cielo azul, y en el corazón de una parcela llena de historia y esperanza, Fabián Marcos Cano y Tomasa García Pérez trabajan el futuro que han anhelado con las manos hundidas en la tierra. En este sitio, donde la lengua zapoteca da nombre al territorio, cada semilla sembrada por esas manos es un acto de confianza.

Fabián, con la mirada marcada por los años, habla de su parcela con el orgullo de quien aprendió a escuchar la voz de la tierra. “Nosotros sembrábamos como Dios nos daba a entender”, dice, al recordar los días en que la siembra era un ejercicio de intuición y herencia.

Hoy, con el acompañamiento de técnicos de la SEFADER, como Reinalda Gómez y su equipo, su forma de cultivar ha cambiado. Fabián y Tomasa han aprendido a respetar los ritmos del suelo, a devolverle lo que toman, a mirar cada planta desde otra lente. “Es como comida para la comida”, explica Fabián.

El maíz y el frijol crecen en su parcela sin prisa. La tierra se nutre con el rastrojo que antes se lo daban únicamente al ganado, y con el abono que dejaba escapar. “Es mucho trabajo, pero es nuestra vida”, dice Fabián con la firmeza de quien entiende que el esfuerzo es parte del ciclo.

Tomasa, por su parte, encuentra en cada cosecha un vínculo con sus ancestros. “La tierra nos da vida”, dice con tal certeza que no da lugar a la duda. En su parcela, la milpa convive con calabazas, frijoles, quintoniles y verdolagas, en un equilibrio que necesita paciencia y respeto. Ha aprendido a dejar que la naturaleza haga su trabajo, a entender que quemar es quitarle a la tierra su capacidad de renovarse. “Nosotros amontonamos la hierba, la dejamos pudrirse y así la tierra se alimenta”, explica.

El camino no ha sido fácil. El año pasado, un vendaval les tumbó buena parte de su cosecha. “Venía muy bonito, pero el viento lo tiró todo”, cuenta Fabián con resignación. Sin embargo, no se rinden. “Nos conformamos con lo que Dios nos da, porque para nosotros es mucho”. Lo que queda en pie se cosechará para la semilla del próximo ciclo.

Cada aplicación de bioinsumos, cada diversificación de cultivos, cada enseñanza que los ingenieros han compartido, han transformado su forma de cultivar y de entender la vida. La tierra, que antes parecía un enemigo que imponía sus reglas, en la actualidad es una aliada que responde al cuidado con generosidad.

En el marco del Día Mundial de las Legumbres, la historia de Fabián y Tomasa es un testimonio de resistencia y aprendizaje. Es la prueba de que la agricultura puede ser distinta, de que la tradición y la innovación pueden caminar de la mano. Porque en cada grano de frijol que cosechan, en cada mazorca que guardan para el siguiente ciclo, hay una lección valiosa: la tierra devuelve lo que recibe. Y en Santa Catarina, bajo el sol que ilumina la parcela de Fabián y Tomasa, la vida brota con fuerza.

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Tips para aprovechar el poder regenerativo de las leguminosas

Leguminosas en etapa de floración y formación de vainas, fundamentales para la biodiversidad del suelo y la seguridad alimentaria. (Foto: CIMMYT)
Leguminosas en etapa de floración y formación de vainas, fundamentales para la biodiversidad del suelo y la seguridad alimentaria. (Foto: CIMMYT)

Las legumbres son una fuente esencial de proteínas vegetales, además, enriquecen el suelo gracias a su capacidad de fijar el nitrógeno. En el Día Mundial de las Legumbres, compartimos algunos consejos clave para su cultivo exitoso:

Elige la legumbre adecuada para tu región

Selección de frijol, una legumbre clave en la alimentación y la seguridad alimentaria de México. (Foto: CIMMYT)
Selección de frijol, una legumbre clave en la alimentación y la seguridad alimentaria de México. (Foto: CIMMYT)

Cada legumbre tiene necesidades específicas. En México, el frijol es el cultivo más representativo y se adapta a diversas condiciones de siembra. Otras opciones incluyen el cacahuate, el chícharo y el garbanzo, que pueden mejorar la biodiversidad del agroecosistema.

Mejora la fertilidad del suelo

Cosecha de cacahuate en un sistema diversificado con maíz, una práctica que mejora la fertilidad del suelo y promueve la seguridad alimentaria. (Foto: CIMMYT)
Cosecha de cacahuate en un sistema diversificado con maíz, una práctica que mejora la fertilidad del suelo y promueve la seguridad alimentaria. (Foto: CIMMYT)

Las leguminosas forman una simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno, lo que reduce la necesidad de fertilizantes químicos. Para potenciar este proceso, es recomendable sembrarlas en asociación con otros cultivos como el maíz.

Implementa rotación y diversificación de cultivos

Productor implementa la rotación y diversificación de cultivos con leguminosas en laderas. (Foto: CIMMYT)
Productor implementa la rotación y diversificación de cultivos con leguminosas en laderas. (Foto: CIMMYT)

Alternar legumbres con cereales u otras especies mejora la calidad del suelo, previene plagas y enfermedades, y permite un uso más eficiente de los nutrientes.

Conserva la humedad y protege el suelo

Leguminosas en maduración sobre rastrojo, una práctica que conserva humedad y mejora la fertilidad del suelo. (Foto: CIMMYT)
Leguminosas en maduración sobre rastrojo, una práctica que conserva humedad y mejora la fertilidad del suelo. (Foto: CIMMYT)

El uso de cobertura vegetal, como rastrojos, protege el suelo de la erosión y mantiene la humedad necesaria para el desarrollo de las leguminosas, especialmente en regiones con lluvias irregulares.

Ajusta las fechas de siembra

Ajustar la siembra al ciclo de lluvias optimiza la humedad y el crecimiento de las leguminosas. (Foto: OpenAI 2025)
Ajustar la siembra al ciclo de lluvias optimiza la humedad y el crecimiento de las leguminosas. (Foto: OpenAI 2025)

Las condiciones climáticas afectan la productividad. Adaptar las fechas de siembra al ciclo de lluvias y temperaturas locales mejora los rendimientos y garantiza una cosecha más estable.

Promueve la sustentabilidad con prácticas agroecológicas

Barreras vivas establecidas en el campo para reducir la erosión, conservar la humedad del suelo y favorecer el crecimiento de cultivos como las legumbres en sistemas agroecológicos. (Foto: CIMMYT)
Barreras vivas establecidas en el campo para reducir la erosión, conservar la humedad del suelo y favorecer el crecimiento de cultivos como las legumbres en sistemas agroecológicos. (Foto: CIMMYT)

El establecimiento de barreras vivas y el uso de agricultura de conservación ayudan a retener suelo y humedad, ya que favorece el crecimiento de legumbres en zonas con pendientes o suelos degradados.

Integra las legumbres en sistemas agroalimentarios resilientes

Productores cosechan y limpian cacahuate en campo, una leguminosa clave para la diversificación de cultivos y la seguridad alimentaria en sistemas agroecológicos. (Foto: CIMMYT)
Productores cosechan y limpian cacahuate en campo, una leguminosa clave para la diversificación de cultivos y la seguridad alimentaria en sistemas agroecológicos. (Foto: CIMMYT)

Las legumbres no solo enriquecen la dieta, sino que fortalecen la seguridad alimentaria y la identidad cultural de muchas comunidades. Su cultivo sostenible es clave para la resiliencia agrícola.

Aprovecha estos consejos y contribuye a un sistema alimentario más sustentable con el cultivo de legumbres.

 

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La agricultura sustentable en Chiapas y la Península de Yucatán

La agricultura en el sur de México enfrenta desafíos considerables: degradación de suelos, bajos rendimientos, altos costos de producción y la creciente presión ambiental sobre los ecosistemas. Ante este panorama, la ciencia y la investigación aplicada se han convertido en aliados fundamentales para transformar los sistemas productivos, generando soluciones basadas en evidencia y adaptadas a las condiciones locales.

El nuevo libro Avances en agricultura sustentable: Resultados de plataformas de investigación de los hubs Chiapas y Península de Yucatán, editado y publicado por el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), recopila más de una década de resultados obtenidos en estas plataformas de investigación agronómica de la región, demostrando el poder de la colaboración científica para generar un impacto positivo en la producción agrícola y la seguridad alimentaria.

Desde 2011, el CIMMYT ha trabajado en Chiapas y la Península de Yucatán a través de su red de plataformas de investigación agronómica, un modelo que permite la generación y validación de tecnologías sustentables en condiciones reales de campo. En colaboración con instituciones académicas y productores, estas plataformas han sido espacios clave para experimentar, evaluar e implementar prácticas que permitan aumentar la productividad agrícola sin comprometer el equilibrio ecológico.

El libro recientemente publicado ofrece una síntesis de los hallazgos más relevantes obtenidos en estas plataformas. Entre los temas abordados se incluyen estrategias de manejo del suelo, diversificación de cultivos, reducción del uso de agroquímicos, mejoras en la eficiencia del agua y el impacto de las prácticas sustentables en los ingresos de los productores.

“En la región, el maíz es el cultivo más importante, no solo por su relevancia económica y social, sino por su profunda conexión con la identidad cultural de las comunidades; sin embargo, la producción de este cereal y de otras especies agrícolas enfrenta limitaciones como la degradación del suelo y la dependencia de fertilizantes sintéticos”, señalan los autores de la obra.

En este contexto, señalan los investigadores, “el libro aborda de manera particular la integración de leguminosas en los sistemas de producción de maíz, pues esta práctica ha demostrado ser una estrategia viable para mejorar la fertilidad del suelo y reducir los impactos ambientales negativos”.

Un aspecto central del trabajo del CIMMYT, a través de la red de plataformas que impulsa con colaboradores, es la apropiación social de la ciencia, es decir, la transferencia de conocimientos y tecnologías de manera accesible y aplicable para los productores. A través de estos estudios, el CIMMYT y sus colaboradores han generado datos sólidos que pueden guiar la toma de decisiones de agricultores, técnicos y formuladores de políticas públicas, contribuyendo a una agricultura más resiliente y adaptada a los desafíos climáticos y económicos actuales.

El libro no solo es un testimonio del trabajo colaborativo entre investigadores, técnicos y agricultores, sino también una invitación a seguir explorando y adoptando soluciones basadas en evidencia para mejorar la producción de alimentos de manera sustentable. Te invitamos a leerlo completo. Puedes descargarlo dando clic en imagen de la portada del libro que está a continuación; o bien, en el link de descarga.

Portada del libro Avances en agricultura sustentable: Resultados de plataformas de investigación de los hubs Chiapas y Península de Yucatán.
Portada del libro Avances en agricultura sustentable: Resultados de plataformas de investigación de los hubs Chiapas y Península de Yucatán.

Link de descarga:

Vilchis Ramos, R., & Fonteyne, S. (2024). Avances en agricultura sustentable: Resultados de plataformas de investigación de los hubs Chiapas y Península de Yucatán. México 2016-2023. Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT).

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Legumbres, aliadas de la alimentación y del suelo

Productor de Candelaria, Campeche, muestra su cosecha de frijol mungo, generada a partir de semilla proporcionada a través de la red de innovación que impulsa el CIMMYT. (Foto: Fernando Morales Garcilazo / CIMMYT)
Productor de Candelaria, Campeche, muestra su cosecha de frijol mungo, generada a partir de semilla proporcionada a través de la red de innovación que impulsa el CIMMYT. (Foto: Fernando Morales Garcilazo / CIMMYT)

Desde tiempos prehispánicos, el frijol ha sido un pilar de la dieta y la cultura agrícola en México. Sin embargo, en años recientes, el país ha experimentado un aumento en las importaciones de esta leguminosa, alcanzando en 2023 un volumen histórico de aproximadamente 313 mil toneladas (INEGI, 2023). Este crecimiento de las importaciones se debe, entre otros factores, a las sequías que han propiciado la disminución de la producción en los estados tradicionalmente productores.

Aunque en México el frijol es la leguminosa por excelencia, no es la única que se cultiva. Actualmente, hay una gran diversidad de opciones disponibles para que las familias agricultoras elijan de acuerdo con sus necesidades y preferencias. Estas opciones incluyen cultivos como el frijol mungo (Vigna radiata), dólicos (Dolichos lablab), gandules (Cajanus cajan), cacahuates, entre otros.

La inclusión de leguminosas en los sistemas de producción representa además una estrategia clave para fortalecer la seguridad alimentaria y mejorar la salud del suelo. Investigaciones desarrolladas en las plataformas de investigación que impulsan el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y sus colaboradores han demostrado que el uso de estas especies contribuye significativamente a la fertilidad del suelo, reduciendo la necesidad de fertilizantes sintéticos y, por lo tanto, los costos de producción. 

Las leguminosas tienen una característica agronómica excepcional: en simbiosis con bacterias del género Rhizobium, pueden fijar nitrógeno atmosférico y convertirlo en una forma utilizable por las plantas. Este proceso reduce la dependencia de fertilizantes nitrogenados, cuyo uso excesivo puede degradar los suelos y generar impactos ambientales negativos. Además, la rotación y asociación de cultivos con leguminosas mejora la calidad del suelo, la disponibilidad de nutrientes y ayuda a controlar plagas de manera natural.

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A través de la red de plataformas de investigación del CIMMYT y sus colaboradores que están estratégicamente distribuidas en gran parte del territorio nacional, cada ciclo productivo se suma evidencia de la ventaja de incorporar las leguminosas a los sistemas productivos. En la plataforma de Tlaltizapán, Morelos, durante el ciclo primavera-verano 2023, por ejemplo, la combinación de camas permanentes, rotación con leguminosas (dólicos) y el mantenimiento del 100% de los residuos del cultivo permitió mayores rendimientos, efecto que ha sido observado especialmente en condiciones de sequía prolongada.

En la plataforma de San Miguel Tlacamama, también en Oaxaca y en el mismo ciclo productivo, la cobertura proporcionada por las leguminosas (en sistemas asociados de maíz-frijol) ayudó a reducir costos en el control de arvenses, beneficiando a los agricultores con un ahorro significativo.

Por su parte, en Chiapas, la diversificación de cultivos con leguminosas ha reportado beneficios consistentes, por lo que esta tecnología ahora forma parte del Menú de tecnologías validadas – Maíz y frijol en Chiapas que recientemente publicó el CIMMYT. En este documento se señala que en la plataforma de Comitán (ciclo primavera-verano 2022) las asociaciones maíz-canavalia y maíz-dólicos mejoraron significativamente la biomasa y la producción de grano de maíz. Estos resultados son relevantes considerando que en esta región de Chiapas el rendimiento promedio de maíz es muy bajo (de apenas 1.5 toneladas por hectárea —t/ha—) debido, sobre todo, a la pérdida de materia orgánica.

De igual manera, en la plataforma de Ocosingo, Chiapas, la diversificación de cultivos con leguminosas ha demostrado ser una estrategia efectiva para mejorar la eficiencia en el uso del suelo. La asociación de maíz con frijol mungo, dólicos, gandules y cacahuates ha permitido cosechas adicionales, con el beneficio extra de que las leguminosas ayudan a reducir plagas en el maíz mediante la diversificación funcional (atracción de insectos benéficos y/o como cultivo trampa). 

Las legumbres, que son las semillas que se cosechan de las leguminosas, han acompañado al ser humano desde la prehistoria, no solo como alimentos emblemáticos (como el frijol para México o el garbanzo para las culturas mediterráneas), sino como aliadas en la sostenibilidad de los sistemas productivos. Su capacidad para ayudar a regenerar el suelo, reducir el uso de insumos sintéticos y diversificar las fuentes de ingreso de los agricultores las convierten en una pieza clave para la seguridad alimentaria del futuro.

Cada 10 de febrero el mundo celebra el Día Mundial de las Legumbres, recordándonos su importancia en la nutrición y la agricultura sostenible. En México, donde el frijol es un símbolo de identidad y tradición, es fundamental fortalecer la producción de esta y otras leguminosas a través de prácticas agronómicas más sustentables. Con el respaldo de plataformas de investigación como las aquí referidas esta tarea es posible.